Sontag aborda dos temas principales en el primer capitulo de Sobre la Fotografía.
Primeramente esboza un análisis de la relación de la fotografía con la realidad. La imagen como fragmento y testigo de la realidad al mismo tiempo que como principio interpretativo del mundo. Una elemento dual que oscila entre pseudopresencia y ausencia.
Mas allá de su función metafísica preservadora del instante temporal-espacial afecta como proceso psicológico-social. En el caso de las imágenes con personas puede llegar al punto de cosificar al sujeto. Una especie de violencia expresada como intento de posesión simbólica. Puede funcionar también como refuerzo de conciencia política a pesar de que no tenga la capacidad de producirla desde un inicio. La fotografía como simulacro de violación, de posesión, de conocimiento. Sin embargo la potencia política, social y estética de la fotografía pierde su encanto y su fuerza a cuando se somete a una exposición repetida. Pornografía de la imagen cuando a base de sobrexhibición se vacía de significado por asimilación y familiarización.
En un segundo momento hace un recorrido histórico de la función y la masificación de las fotografía. La cámara se convierte en la dependencia que da realidad y certifica las experiencias. Es ademas una manera de apropiarse, entender y enfrentarse distintos tipos de situaciones, incluso aquellas donde uno está desprotegido o inseguro; un acto que aparenta participación desde la postura voyeurista de la no intervención. Democratización total de las experiencias y su traducción en imágenes.
La fotografía como reafirmación de lo real se introduce en dos de las principales instituciones sociales: la familia y el estado. Crónica y metarelato, una autoafirmación del núcleo familiar. Fotografías en los documentos oficiales; el sujeto solo es cuando su imagen lo respalda.